viernes, 10 de agosto de 2007

Entraba a una librería. Era muy antigua y además de libros, también había distintos artículos para dibujar, escribir, en fin todo lo que tenga que ver con las manos y las letras.
Estaba lleno de vendedoras de negro, con delantal negro. Y ellas mostraban y probaban los productos.
En un mesón tenían brillantina, plumillas, acuarelas, óleos, lápices hermosos, tintas, y los papeles mas delicados que alguna vez puedas ver.
Pegado en la pared un letrero que decía, "retrato, preguntar aquí". Y la vendedora que me veía leyendo, me decía que esperara un segundo, que ya me podrían retratar.
Llegaba otra mujer, mas vieja que las otras, muy amable. Y me preguntaba si quería ser retratada. Obviamente le decía que si.
Entonces, me daba a escoger elementos del mesón. Tomaba plumillas de distintos estilos, acuarelas, una brillantina roja y lápices de colores tierra. Y obvio un papel algo antiguo.
Al llegar a su escritorio, ella me decía que lo que se elegía no se podía cambiar.
Y recién allí me daba cuenta que no había tomado la tinta negra, por lo tanto las plumillas no las podría usar ni tampoco pinceles, por lo que quedaban descartadas las acuarelas.
Y ella comenzaba a dibujar con los lápices, y unos pequeños toques con la brillantina.
Al termino de su trabajo, me lo entregaba y me preguntaba si me agradaba. Yo lo miraba y realmente era un reflejo de mi rostro.
Se veía todo en color beigecafé y mi boca estaba medio sonriendo. Estaba tranquila, feliz y complacida.
Le preguntaba cuánto era.
Y ella me entregaba 6 monedas de $10, y me decía que podía darle el vuelto.

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